martes, 15 de noviembre de 2011

Ibero, 14-11-2011

Quedo con ella a solas y creo que tendría que haber empezado por ahí, puesto que la he probado acompañada y he ido demasiado nervioso. Tengo la sensación de estar ante la chica que me habria gustado ligar por la calle, o en un trabajo, o en una reunión de vecinos. Esta buena, no es artificial. y esa mirada especial parece que te dice que no es una inocente vecinita.

Al entrar estoy cortado por la rutina. Me desnudo, me ayuda como si fuera una puta del sigloi XIX y el regusto de los primeros besos hace que me apresure a arreglar cuentas y seguir a lo que voy. Normalmete me gusta empezar acariciando, sobando tetas y apartando bragas para pasar la lengua como en plan prohibido. Ella se arrodilla y empieza a comerme la polla como si hubiera encontrado un manjar que le fuese a durar muy poco. No es mi estilo, pero el modo en que me mira desde ahí abajo me pone cardiaco.

Saltándome detalles, empecé cometiendo el error de hacerla trabajar a mi bola. Subiendo las piernas y empujando a mi ritmo. Fue un error pero se corrigió pronto, porque cuando tomó la inicicativa y se subió sobre mi, empezó a buscar su placer y su corrida con un meneo de caderas y una sinceridad sexual que me llevó a alcanzarla en un orgasmo que ella disfrutó largamente y entre gemidos muy distintos de los chillidos de teatro que estoy tan habituado a oir.

Después no me permitió usar toallitas ni pañuelos porque me limpió con la boca hasta dejarme seco.

En la segunda decidí tomarme la revancha y me sorprendió que me pidiese que le follara el culo. Fui de culo a coño a mi capricho y aunque ella ya no llegó a una segunda corrida, se tragó con verdadera gula hasta la última gota.

Entre medias conversación interesante, inteligente, y una parte morbosa que promete planear nuevas combinaciones con ella


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