lunes, 3 de agosto de 2009

Carpetovetonico: Una sencilla sesión de fotos 23-1-2009

Como muchos amigos y profesionales de este foro saben soy fotógrafo erótico profesional.
Todo empezó en la cena de spalumi de diciembre. Yo no conocía aún a Maria aunque sabía muchas cosas de ella. Intenté acercarme pero estaba copada por otros compañeros. Estaba apoyado en la barra y fue ella la que se acercó a mí
-¿Eres tú el fotógrafo? Me llamo Maria G-
Maria estaba envuelta en un elegante vestido rojo muy sexy. Su mirada me inquietó, sus ojos, sus cejas, sus labios...
-Si, soy yo...-
Maria me dijo que quería hacerse un book de fotografía. Recuerdo que me cogió la mano y me la llevó por debajo de su falda. Debajo no llevaba nada. Palpé su humedad y su piel. Recuerdo torpemente que me habló de una fantasía erótica que tenía escrita en su blog. Me abandonó prometiendonos llamarnos y escribirnos.
Dias después nos pusimos en contacto. Nos hicimos una apuesta, un trato.
Tengo un código deontológico muy rígido. Jamás me he aprovechado de ninguna escort a la que hago una sesión, vivo de ello y siempre tengo un respeto máximo por la dignidad de mi modelo. Si hay química la llamo dias después y si ella quiere tengo un encuentro íntimo como cualquier otro cliente.
Cuando el martes pasado me encaminé hacia su apartamento sabía que Maria era una de las pocas que podía trastocar mi código ético y eso me hacia sentirlo como un reto que debía superar. Sabía que ella iba a poner toda la carne en el asador y yo debía resistirme a toda tentación. Mis años de profesión me iban a ayudar a superar la prueba, como siempre.
Desayunamos juntos, hablamos al calor de un café con tostadas de lo divino, de lo humano y de lo carnal. María me contó algo, poco, sobre ella, yo también fui escueto. Ambos sabíamos lo que teníamos por delante.
Maria quería en las fotos mucha "piel", su piel sin ropa. A pesar de eso desplegó sobre la mesa todo un catálogo de lencería de buen gusto, roja, negra, blanca...
Empezamos mal, la iluminación no estaba bien y ella no dejaba de contestar el teléfono. Sábana blanca con lencería blanca, error.
Encontré una manta dorada por un lado y roja por el otro. Lencería negra. Eso estaba mejor. Ella se fue entonando mientras yo disparaba rápido mi Canon.
El ambiente poco a poco se fue caldeando, más cuando dejó al desnudo sus senos, naturales y hermosos y sus nalgas redondas y rotundas. Fotografiaba cada ápice de su cuerpo, pero no podía dejar de mirar sus ojos y su boca, insinuantes, lascivos, deseosos, mojados...
Ella no fingía sus poses, las sentía como propias, como una prolongación de su mente y de su cuerpo. sus manos expresaban el deseo contenido como una bomba de relojería. Y yo, "clip, clip, clip", inmortalizaba cada poro de su carne.
Sentí el deseo hacer presa en todo mi ser, en mi cabeza y tras la cremallera de mi pantalón vaquero. En un cambio de ropa me fui al aseo, me lavé las manos y la frente con agua fría. Ella se acercó a mí como una serpiente muda y sibilina, descorrió la cremallera y sin poder ni querer evitarlo engulló de rodillas mi virilidad enhiesta como el mástil de un velero con sus ojos negros fijos en los míos, grises como un dia de tormenta. Luego fui yo quien me bajé y me puse a sus pies. Necesitaba saber a que sabía ella y probé su néctar por primera vez. Su sexo brillaba lubricado y succioné poseido por el deseo más implacable.
Maria me había vencido con sus armas de mujer liberada, deshinbida y pecadora, que toma lo que quiere cuando lo quiere y cuando lo desea. Ni antes ni después.
No recuerdo contra que la empujé esa primera vez. Quizá contra el armario lleno de premios de spalumi, quizá contra la mesa llena de bragas y medias de encaje, pero allí la poseí por vez primera. Ella desnuda, yo vestido y arrastrando mis pantalones por el suelo. Como dos salvajes, buscándonos las bocas, acoplando nuestros sexos con ímpetu primigenio. Con fuerza, sin dejar de mirarnos con ojos enfebrecidos de deseo. Ella quería más, me empujaba a ello, buscaba su primer orgasmo y cuando lo logró yo malevolamente, como niño travieso me retiré de ella abandonándola sobre su sofá y cogiendo de nuevo la cámara fotografié con toda la intensidad que pude su clímax en directo...

Jamás en mi vida había fotografiado el orgasmo de una mujer en directo. María no mentía ni fingía, lo estaba teniendo delante de mí en mil y una posturas. Pasé del erotismo a algo más atrevido. Dicen que la linea que separa lo erótico de lo pornográfico es la visualización del sexo explícito. Yo la filmé abierta de muslos y mojada y sin embargo me parecía lo más sensual y menos porno que había visto en muchos años.
No se si fue entonces o después, pero momentos después volvía a tener mi pene en su boca, ella sentada en el sofá, yo de pie. La fotografié en pleno oral. Miro ahora la foto, su lengua en mi miembro y sus ojos negros y turbios elevados al cielo de mi objetivo.
Volví a poseerla sobre el asiento y de frente, sin dejar de disparar, "clip, clip, clip". Su cabeza caía hacia el respaldo desmayando su melena negra y oscura y sus senos oscilaban hacia arriba y hacia abajo. Se vino de nuevo en un potente orgasmo y de nuevo el chico travieso que me abandonó hace muchos años se retiró de dentro de ella.
Ya que ella había ganado la apuesta yo quería jugar a ser un poco cruel con su deseo más carnal.
-Más fotos, vamos. ¡Nos queda mucho por hacer y se nos va el tiempo!-

Subimos a la azotea de su edificio. Pequeño mirador de aparatos de aire acondicionado y salidas de humo frente a un conocido hotel y viendo los tejados de medio Madrid. Su abrigo de visón, sus tacones y sus medias negras como todo vestido en un dia plomizo. Aprovecho que sale con timidez el sol y la voy desnudando. "Clip, clip, clip". El visón cae de su mano hacia el suelo varias veces y se exhibe desnuda ante la mirada curiosa, ociosa, viciosa o escandalizada de varios usuarios del hotel de pijos ejecutivos.
Luego fotos de su piel en los pasillos del edificio, delante de las puertas de los inquilinos. ¿Y si alguno sale y nos descubre?. Da igual hoy todo vale.

De nuevo en su apartamento. Ahora nos lo tomamos en serio. fotos "fetish", quitándose las medias. ¡dios, qué morbo de pies desnudos!.
Aparece su amiga Rosa en escena. Ha quedado con un cliente poco después. Maria la convence de fotografiar un lésbico entre ellas en la cama. Mala idea, lo hacen auténtico y yo no se donde ponerme. Se besan, se comen, se devoran y Maria se tumba debajo de su amiga succionando y lamiendo su sexo mientras se masturba. Para ella, para mí...
Las fotos salen movidas, no se que podré sacar de todo este material pero yo estoy que exploto y apenas puedo soportar en mi mano la pesadísima cámara. Sudo a chorros y me voy al salón. El cliente de Rosa llega en breve y hay que parar la candente sesión.

No puedo más, cuando Rosa y su amigo cierran la puerta de la habitación tras ellos, María me tiene reservada una última sorpresa. Se pone una falda de colegiala de cuadros rojos con la abertura en el culo que lo deja totalmente expuesto y se sube a una silla. La fotografio apoyada en el armario de los dichosos premios mientras se baja las bragas rojas. Me mira de nuevo. Ahora sus ojos negros son voluptuosos y vidriosos. Están encendidos. Se lo que quiere y quitándome las botas de Valverde cdel Camino y los dichosos pantalones la vuelvo a penetrar en la misma silla, casi de pie, con una humedad en su ser que empapa mis muslos. La tumbo rápido sobre el sofá, primero sobre ella y noto toda su mojada dilatación, luego es María la que como buena amazona quiere cabalgar sobre su montura mientras nos decimos todo tipo de obscenidades y susurramos fantasías inconfesables mientras nos mordemos los labios. Ella quiere que yo descubra a María en la plenitud sexual de su insultante juventud y yo quiero que descubra al muchacho osado y viril que una vez fui antes de caer en el escepticismo y el desencanto de una vida llevada en demasiadas ocasiones al límite.
Por último y tras intentar llevarla por enésima vez a los límites del placer la pongo en cuatro y desde atrás la embisto con la fuerza de mi raza, esa raza que forjó conquistadores, caudillos y anarquistas. Carpetanos y vetones ariscos y salvajes, sin reglas y con labios rojos de la sangre del enemigo y desato el resto de mi poder en su interior... hasta el fin de los dias.

...últimas fotos, tan íntimas, tan personales, tan desatadas, tan voluptuosas que quedarán en secreto mientras la Diosa quiera y que quizá mire alguna vez a solas con su conciencia en la pantalla de su portatil.

Un consejo para todos aquellos que dudan aún en conocer a Maria G: quizá no sea la más bella, ni su cuerpo esté tuneado por cirujanos, quizá no tenga tatuajes atrevidos en la cerviz ni conejitos playboy en el coxis, a lo mejor tampoco tiene piercings en la punta de la lengua, el ombligo o el sexo. Quizá su rostro esté a medio terminar entre la hermosura y la rareza y sea demasiado ibérica e intemporal para los gustos de hoy en dia PERO AMIGOS, MARIA ES UNA MUJER QUE NO SE PUEDEN PERDER SI QUIEREN QUE SU VIDA VALGA ALGO MÁS.

Solo tiene un peligro: ES PELIGROSAMENTE ADICTIVA.

Un beso Maria.

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